Sobre cómo perdí 80 euros

Ayer fui a cargar mi tarjeta de transporte y, en lugar de poner los billetes uno por uno, metí cuatro a la vez como se hace en otras máquinas. Un total de 80 euros.

El sistema tardaba, sin hacer nada.

De pronto la pantalla se apagó, mostró brevemente el mensaje para que retirara la tarjeta (se activó también la chicharra) y pasó a “fuera de servicio”.

Fui hasta la ventanilla más cercana (a pocos metros, pero sin visión directa a la máquina en cuestión) y le dije al cajero lo que había pasado. Le dije que creía que la tarjeta no estaba cargada, que no había recibido la confirmación ni el vuelto.

Él llamó al jefe de estación, mientras yo esperaba a un costado tratando de mantener la calma. Entonces vi a una señora que venía, exaltada, y que se acercó a hablar con el mismo cajero.

¿Cuál era el problema de la señora? Que había encontrado 80€ en el piso junto a la máquina que yo acababa de dejar, con un ticket de “operación cancelada”.

Y sobre cómo recuperé 80 euros 😉

Hubiera querido agradecerle más fervientemente, pero primero tuve que explicar que de verdad era yo quien los había perdido, lo que el cajero confirmó mientras aceptaba el dinero que le daba la señora y con él cargaba mi tarjeta y me daba el vuelto.

La señora y sus acompañantes se fueron satisfechos por haber resuelto la situación, mientras yo seguí agradeciéndoles, y todos los que presenciaban la situación sonreían y comentaban sobre la honestidad de estas personas, su buena voluntad y la sensación de “fe en la humanidad restaurada” que dejaron a su paso.

Hoy no les hablo de Francia, hoy les traigo esta anécdota sobre estas personas concretas que tuvieron este acto desinteresado y que hacen de este mundo un lugar un poquito mejor.

*La foto no tiene nada que ver con el post, la puse simplemente porque me gusta.

**Hice (casi) todo mal. Llamémoslo suerte (¿o karma?).

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